Estudios epidemiológicos (o estudios poblacionales)

Para definir peligro y riesgo, la investigación incluye estudios toxicológicos y estudios epidemiológicos.

Los primeros consisten en pruebas de laboratorio sobre organismos o células vivas (vegetales y animales) para definir las concentraciones letales de un producto, es decir, su peligrosidad.

Los estudios epidemiológicos permiten observar a la población para intentar establecer correlaciones entre estilo de vida, exposición y patologías.

En epidemiología, existen tres tipos de estudios.

1 / Estudios de casos y controles

En el tiempo T, comparan un grupo de pacientes con un grupo sano por conocer el origen de la enfermedad y definir las causas. Por ejemplo, comparamos un grupo de personas con trastornos músculo-esqueléticos (TME) con un grupo sin TME. El resultado es que en el colectivo de personas con TME encontraremos personas con profesiones como manipuladores de materiales, cajeros, auxiliares de enfermería, etc.

La fuerza de este estudio es destacar rápidamente las diferencias entre población enferma y población sana.

El punto débil es que sólo se interesa en un período corto y que esconde los sesgos: ¿la gente hace mucho bricolaje en casa (es probable que empeore sus dolencias)?

La otra debilidad es que la patología debe conocerse y ya está presente. Con la aparición de disruptores endocrinos que no causan un tipo específico de enfermedad, no es posible utilizar estudios de casos y controles.

2/ Estudios transversales

En el tiempo T, comparan un grupo de pacientes con un grupo sano por conocer la evolución. Por ejemplo, en 2020 podemos contar el número de personas derivadas por el seguro médico como asmáticos. Esta cifra da la prevalencia: el número de enfermos en un instante t, sin distinción de antigüedad sobre el conjunto de la poblaciónn, y la tasa de incidencia: el número de nuevos casos de una patología observada. En resumen, la tasa de incidencia permite valorar la aparición de nuevos casos y, por tanto, conocer la frecuencia y la velocidad de aparición de una patología.

La fuerza de este estudio es realizar una instantánea del estado general de salud de la población para obtener datos estadísticos.

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El punto débil es que este estudio no está interesado en el comportamiento de los individuos, ni su exposición a lo largo del tiempo, etc.

3/ Estudios longitudinales que pueden ser retrospectivos o prospectivos, también llamados de cohorte.

Estos son los estudios epidemiológicos más fiables, los que utilizamos para determinar los enlaces causales: ¿qué es el responsable del cáncer colorrectal, cáncer de mama…? ¿Qué factores pueden estar relacionados con la aparición de trastornos del espectro autista? etc.

3.1. El estudio longitudinal retrospectivo se centra en el pasado de los individuos (= cohorte retrospectiva)

La principal debilidad es la poca fiabilidad de la información. ¡Imagine tener que retroceder en el tiempo durante varios años, incluso décadas, para describir con precisión, sin equivocarse, lo que ha vivido!

3.2. El estudio longitudinal prospectivo se centra en el presente y el futuro de los individuos (= cohorte prospectiva)

Estos estudios aportan mucha información de gran calidad, porque una vez definido el panel de personas. El equipo de investigación les sigue durante varias décadas y sus puntos habituales permiten recuperar datos fiables.

Por ejemplo, la cohorte Elfe es la primera gran cohorte de niños seguida desde su nacimiento en España metropolitana: 18.322 niños y sus padres fueron incluidos en el estudio en su nacimiento en 2011. El objetivo general de la cohorte Elfe es seguir a estos niños y sus familias durante 20 años para estudiar cómo influye el entorno en el desarrollo, la salud y la socialización de los niños.

El punto débil es que se trata de estudios muy caros que requieren una fuerte inversión de los equipos de investigación para movilizar a los participantes a largo plazo, para evitar el aumento de los “perdidos de seguimiento” a lo largo de los años.

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